Costillas de Cerdo a la Miel con Triturado Rústico de Papas

Costillas de Cerdo a la Miel con Triturado Rústico de Papas

Hoy es 10 de mayo, y como es habitual el día 10 de cada mes, llega el reto de La Cocina TS. En esta ocasión, lo que se pide es que sea una receta típica española, y que en su preparación se utilice miel. La receta puede ser dulce o salada. 
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Pues me ha tocado pensar, ¿qué puedo hacer con miel? Ya está, un buen amigo mío siempre me ha dicho que un cocinero amigo suyo, una vez preparó en una celebración unas costillas de cerdo a la miel, que estaban para chuparse los dedos. Tal ha sido el entusiasmo que mi amigo le pone a este recuerdo, que ha sido lo primero que me ha venido a la mente nada más ver que el reto de este mes debe de llevar miel entre sus ingredientes. ¿Y con qué acompañar a las costillas? Pues con un triturado rústico de papas, que me encanta. Llegados hasta aquí, solo me queda poner un nombre a la receta. Pues está clarísimo, “costillas de cerdo a la miel con triturado rústico de papas”.
Las costillas se deben hacer a la barbacoa. En su defecto se podrían hacer a la plancha e incluso al horno, pero si disponemos de barbacoa, os sugiero encarecidamente que las hagáis en ella. Ese puntito a humo que les va a dar, queda totalmente espectacular para esta receta. Tras indagar un poco en la receta que hizo este cocinero, vamos con la preparación de la misma.
Espero que os guste y la disfrutéis tanto como nosotros.

INGREDIENTES

Costillas de cerdo frescas (no saladas)
Miel
Vinagre balsámico
Sal
Pimienta negra molida
Romero fresco (en rama)
Tomillo fresco (en rama)
4 papas Grandes
1 manojo de cebollino
Aceite de oliva

PREPARACIÓN DE LA RECETA

Comenzamos la receta salpimentando las costillas. Reservamos, y preparamos un ramillete pequeño con el romero y el tomillo. Dicho ramillete lo utilizaremos como si fuera una brocha para ir añadiendo la salsa a las costillas mientras se van haciendo a la barbacoa. Preparamos la salsa. Para ello mezclamos dos cucharadas de miel con cuatro de vinagre balsámico, y removemos bien para que se liguen los dos ingredientes.
Por otro lado, lavamos bien las cuatro papas. Sin pelarlas, le ponemos un pelín de aceite de oliva y las envolvemos de una en una en papel de aluminio para hacer un papillote. Las metemos en el horno, que se habrá precalentado a 180 grados, y las asamos durante una hora.
Mientras las papas se van haciendo, nos vamos a la barbacoa para comenzar a hacer las costillas. Para ello demos dejar que la leña se haya consumido y quede solamente carbón. No queremos fuego, solo el calor de las brasas. Pintamos las costillas con la salsa de miel y vinagre, y utilizando como brocha el ramillete de tomillo y romero. Las ponemos en la rejilla de la barbacoa y las vamos asando poco a poco. Si hay mucho calor, subimos la rejilla para que se hagan lentamente, y a medida que se vaya perdiendo el calor la podemos ir bajando para acercarlas más al calor. Ahora de lo que se trata es de ir pintado las costillas con la salsa y de irles dando la vuelta de vez en cuando. Tenemos que conseguir que la carne se haga, a la vez de que se vaya formando una capa crujiente por fuera gracias a la salsa de miel y vinagre. Pues lo dicho, pintar, vuelta, pintar, vuelta, y así hasta que la carne esté hecha y por fuera adquiera un color bien oscuro y brillante.
Cuando las papas ya estén hechas, las sacamos del horno, le quitamos el papillote y las pelamos. Las trituramos a groso modo con un tenedor de madera, salpimentamos al gusto, picamos cebollino en abundancia y se lo agregamos; y le añadimos un chorrito de aceite de oliva. Mezclamos bien pero sin triturar mucho las papas, nos interesa que quede con una textura algo rústica, por llamarla de alguna manera.

Para emplatar, las costillas a la miel a un lado, y las papas trituradas al otro.


Costillas de Cerdo a la Miel con Triturado Rústico de Papas
Costillas de Cerdo a la Miel con Triturado Rústico de Papas

LA MIEL QUE HE UTILIZADO AQUÍ




Gambas al Ajillo

Gambas al Ajillo

Las gambas al ajillo es un plato de la cocina popular española, que aunque mayoritariamente se ofrece en el sur y centro de la Península Ibérica, se puede encontrar prácticamente en casi todos los bares de España. También en canarias forma parte de la carta de innumerables bares y restaurantes, donde se ofrece como entrante. El plato es muy fácil y rápido de elaborar, pero no por eso deja de ser muy rico. A mí personalmente es que me encanta comerlas.

INGREDIENTES

Unas 12 ó 15 gambas
4 ó 5 dientes de ajo
1 trozo de guindilla
Aceite de oliva
Perejil
Sal

PREPARACIÓN DE LA RECETA

Lo primero que hacemos es pelar las gambas, le quitamos la cabeza y si podemos le retiramos también el intestino, que es esa hebrita negra que tienen. Es recomendable que las gambas sean frescas, pero si solamente las podemos conseguir congeladas, las compraremos con cáscara, nunca ya peladas; puesto que estas últimas no tienen tanto sabor como las primeras. Una vez peladas, nos encargaremos de secarle bien el agua si son congeladas, ya que el agua para esta receta no va nada bien. Por otro lado ponemos a fuego fuerte un cuenco de barro con aceite de oliva, le incorporamos los ajos laminados y un trocito de guindilla. Cuando los ajos estén casi hechos, añadimos las gambas. A mí me gusta que el ajo se haga bien, pero esto es al gusto de cada uno. Las gambas enseguida cambian de color, le damos un par de vueltas, añadimos sal al gusto y espolvoreamos con un poco de perejil picado. Sacamos muy rápido del fuego, aunque parezca que aún están un poco crudas, tenemos que tener en cuenta que el calor residual las seguirá cocinando. En ese momento es bueno tapar el cuenco de barro con un plato, así evitamos las salpicaduras. Las llevamos rápidamente a la mesa y las comemos enseguida. Al destaparlas saldrá una bocanada de vapor que nos impregnará con el aroma delicioso del borboteo del aceite que aún estará hirviendo. A comer se ha dicho, bien calentitas y si se tiene un trozo de pan a mano para mojar en el aceite, mejor que mejor.

Atún en Adobo

Atún en Adobo

Este mes de abril, desde la cocina TS se quiere rendir homenaje al Día del Libro, y es por eso que para el reto de este mes se pide lo siguiente. Que nuestro plato esté inspirado en un libro que hayamos leído, sin importar el género del mismo, y que utilicemos productos típicos de la cocina española.
Para ver el recopilatorio pincha aquí.


Nada más recibir el mensaje, ya tenía claro lo que tenía que presentar para esta ocasión. Siguiendo con la temática principal de mi blog, que es la cocina canaria, esta receta de atún en adobo típica de la isla de Lanzarote, me viene como anillo al dedo. El libro que me inspira para hacer esta receta es una novela del canario Rafael Arozarena, titulada “Mararía” y que fue publicada en el año 1973. La sinopsis del mismo nos cuenta lo siguiente:” El viento, el sol y el fuego de Lanzarote. Una mujer atraviesa el pueblo en sombras. Es María, a quien llaman Mararía. Mujer, amante o bruja, pero ante todo mito. Rafael Arozarena construye en Mararía una pieza maestra en la que se conjugan sabiamente realidad y poesía, magia y cotidianeidad. Un símbolo de purificación y de autodestrucción”. Os preguntareis, qué inspiración me transmite este libro para hacer esta receta. Pues el libro me hace recordar a la isla de Lanzarote, isla que significa mucho para mí y enseguida me viene a la mente esta receta que comimos por primera vez en la casa de la madre de unos amigos. Receta que regamos con un vino blanco también de Lanzarote. Un malvasía blanco seco de bodegas El Grifo. Dejo aquí el enlace por si alguien quiere conocer este espectacular vino. La receta es especialmente deliciosa, donde se combina el agrio del vinagre con ese punto picante típico de algunas recetas canarias. Este atún en adobo, con el vino que he comentado y unas papas guisadas, tenemos el día resuelto. Espero que os guste tanto como a mí.

INGREDIENTES

1 kilo de atún fresco cortado en tacos
1 cabeza de ajos
1 vaso de aceite de oliva
1 vaso de vinagre de vino
2 pimientas de la puta la madre
1 cucharadita de pimentón
Orégano
Tomillo
Laurel
Sal

PREPARACIÓN DE LA RECETA

Comenzamos limpiando el pescado, quitando tanto la piel como las espinas. Sacamos filetes gruesos, como de unos cuatro centímetros aproximadamente, y luego los cortamos en tacos, intentando que queden lo más cuadrados posible. Una vez limpio, lo ponemos en un recipiente y reservamos. Por otro lado preparamos un majado con los ajos, la pimienta, el pimentón, el orégano, el tomillo, el laurel y la sal al gusto. Una vez esté todo majado, lo introducimos en un vaso de aceite de oliva y mezclamos bien. Añadimos el aceite con el majado por encima del atún, y a continuación un vaso de vinagre de vino. Mezclamos todo muy bien y lo dejamos en maceración de un día para el otro. Al día siguiente se saca el atún y se fríe bien escurrido en un poco de aceite de oliva. No lo freímos mucho, le damos unas vueltas para que se selle y sacamos de la sartén. Cuando tengamos todo el atún frito, lo pasamos a una cazuela y añadimos de golpe todo el adobo que usamos para la maceración. Esto hará que se nos impregne la cocina de un olor extraordinario. No hay que cocinarlo mucho, pues de lo contrario el atún se nos secaría demasiado. Apenas dejamos que se evapore el alcohol del vinagre a fuego fuerte y en cuestión de 8 ó 10 minutos apartamos del fuego. Para emplatar le añadimos un poco de la salsa obtenida por encima del atún y lo acompañamos con unas papas guisadas en agua y sal y un buen vino blanco seco.




Quesillo

Quesillo

Mucha gente cree que el quesillo es un postre típico canario. Si bien es sabido que es un postre que tiene mucha tradición en todas y cada una de las islas, en realidad su procedencia es de Venezuela. Tal ha sido la relación que este país ha tenido con la comunidad canaria, que estamos ante una de tantas recetas que tiene su origen en América y los canarios han sabido apreciar y adaptar a su cultura gastronómica. No debemos confundir el quesillo con un flan, son cosas totalmente diferentes. Tampoco lleva queso, su nombre se debe a la similitud de los poros que se forman en su interior, que recuerdan a los de  un queso. En su elaboración se puede añadir un toque de alguna bebida alcohólica, ron, brandy o vino dulce entre otros, pero en la receta que presentamos hoy no le  añadiremos. Preferimos dejarlo solo con el aroma de la esencia de vainilla, pero esto ya es cuestión de gustos.

INGREDIENTES

8 huevos
1 lata de leche condensada de 750 gr
½ litro de leche entera
Ralladuras de limón
½ cucharada de esencia de vainilla
Caramelo líquido

PREPARACIÓN DE LA RECETA

En un recipiente se ponen los huevos enteros y las ralladuras de limón, se baten un poco, y a continuación se incorpora la leche condensada, la leche entera y media cucharada de esencia de vainilla. Seguimos batiendo hasta conseguir una mezcla homogénea. Cogemos el molde y lo untamos con caramelo líquido, que lo podemos hacer nosotros o utilizar el que ya viene hecho, en mi caso lo compré ya preparado. Luego vertemos toda la mezcla en el interior del molde.

El horno lo habremos precalentado con antelación y habremos introducido en él un recipiente mayor que el molde. En dicho recipiente habremos puesto una altura de agua de unos cinco centímetros aproximadamente. Cuando el horno ya adquiera una temperatura de 180 grados, metemos el molde del quesillo dentro del otro recipiente que ya tiene el agua caliente. Es importante que el molde del quesillo esté provisto de tapadera, para así evitar que el vapor del baño María toque directamente la capa superior del quesillo. Se hornea durante 35 ó 40 minutos, apagamos el horno y dejamos el quesillo dentro durante una media hora más. Luego sacamos del horno y dejamos enfriar completamente antes de meterlo en el frigorífico durante unas 2 ó 3 horas. Antes de comer, desmoldamos pasándolo a una bandeja que tenga borde para que pueda coger el caramelo líquido sin que se derrame. Partimos en porciones y si queremos le añadimos un poco de nata montada para degustar esta delicia.

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Ropa Vieja

Ropa Vieja

La ropa vieja es un plato de aprovechamiento que se elabora con los restos del cocido. Se trata de una receta muy consumida en la Comunidad de Madrid, Andalucía, la Región de Murcia y las Islas Canarias. También es habitual encontrarla en países como Cuba, Venezuela, Colombia, Costa Rica, México, Puerto Rico y Panamá. Todas tienen algo diferente, pero siguen un patrón similar, aprovechar las carnes y otros ingredientes que sobran de una preparación anterior.
En realidad estamos ante un plato de origen sefardí, elaborado por los judíos que habitaban en la península Ibérica durante la Edad Media. En su idioma, el plato se llamaba “handrajos”, que traducido al castellano significa andrajos. Lo llamaban así por el aspecto que daba el plato, similar a harapos o ropas rasgadas, y de ahí procede su nombre. Ropa Vieja. Los judíos de aquella época ya elaboraban un plato llamado “Adafina”, que era un cocido a base de garbanzos, gallina, carne de cordero y diversas verduras y especias. Lo que viene a ser un cocido, pero a su manera. Pues para aprovechar los restos de la “Adafina” hacían la mencionada receta de “Handrajos”.  Las tradiciones cristianas, que fueron más tardías, adoptaron esta receta, que ha ido evolucionando hasta nuestros días y ha adquirido diferentes preparaciones dependiendo del lugar de donde se haga. En Madrid nos encontramos con una ropa vieja que lleva chorizo desmenuzado, en Andalucía lleva ternera, cerdo, tocino y gallina; mientras que en Cuba se desmecha mucho más la carne y se acompaña con arroz, frijoles y plátanos. Así, podemos encontrar diferentes preparaciones dependiendo del lugar.
Yo como canario que soy, voy a presentar este plato de ropa vieja canaria, procedente de un puchero canario, tal y como lo hacía mi madre y mi abuela, y que a su vez habrán aprendido de sus antepasados. Bajo mi punto de vista, el plato puede ser poco atractivo a la vista, pero goza de un sabor realmente delicioso que compensa totalmente la falta de estética. Vamos con la receta.

INGREDIENTES

¼ kilo de carne de ternera del cocido
½ kilo de papas
2 zanahorias del cocido
Aceite de oliva
1 cebolla
½ kilo de garbanzos del cocido
4 dientes de ajo
2 tomates maduros
½ cucharadita de pimentón
1 trozo de pimiento rojo
1 trozo de pimiento verde
Pimienta negra molida
Sal
Tomillo
Laurel
Perejil picado

ELABORACIÓN DE LA RECETA


Comenzamos desmechando la carne y cortando en trozos pequeños las zanahorias. Separamos los garbanzos y reservamos todo por separado. Pelamos las papas, las troceamos en cuadrados medianos y ponemos a freír en aceite de oliva. En otra cazuela preparamos una fritura a media temperatura con la cebolla, los pimientos y dos dientes de ajo. En una sartén ponemos un poco de aceite de oliva, añadimos los otros dos dientes de ajo picados muy finos e incorporamos los garbanzos. Lo salteamos un poco para que adquieran el sabor del ajo y reservamos. Cuando la fritura casi esté, se añade el pimentón, el perejil y los tomates  pelados, troceados y sin pepitas. Antes de que se doren, se añade el tomillo, la pimienta negra molida y la hoja de laurel. A continuación se incorporan los garbanzos que teníamos reservados y mezclamos bien con la fritura. Añadimos también la carne desmechada y las zanahorias. Mezclamos todo bien e incorporamos un cucharón del caldo del cocido. Cuando las papas estén fritas, también las incorporamos a la cazuela y removeremos con cuidado para no desmenuzarlas. Seguimos removiendo y cuando se merme el caldo, añadimos otro poco. Al final nos debe quedar un plato seco, sin nada de caldo, por lo que lo iremos añadiendo poco a poco para darle tiempo a que merme a la vez de que impregne a todos los ingredientes. Desde que el caldo desaparezca, unos 8 minutos aproximadamente a fuego medio, apartamos y a comer bien calentito.

Arvejas a la Majorera

Arvejas a la Majorera

Hoy queremos viajar hasta la isla de Fuerteventura para presentaros estas arvejas a la majorera. Receta que es típica de esa isla y que creemos que no es muy conocida. De hecho, probablemente haya muchos majoreros que tampoco la conozcan. Por si alguien no lo sabe, los majoreros son los habitantes de Fuerteventura, y Fuerteventura es la isla con las mejores playas de Canarias; bueno, al menos bajo mi punto de vista. Tal vez habrá gente que tampoco conozca lo que son las arvejas, pues ni más ni menos que guisantes. También habréis podido oír la palabra petipuás o chícharos. Todo es lo mismo, el más que conocido guisante. Se dice que 2000 años antes de Cristo su cultivo se había extendido por toda Europa, y que  a partir del siglo XVII se comenzó a consumir por los humanos, ya que antes solo se utilizaba para alimentar al ganado. En Canarias, como lugar estratégico para el comercio entre América y Europa, también eran conocidas las arvejas y se introdujeron en su gastronomía.
Tengo que decir que esta receta yo tampoco la conocía, la he encontrado en un libro antiguo de cocina canaria. Hoy es la primera vez que hago arvejas de esta manera, y ya que las he probado, tengo que decir que son realmente ricas. Por su sencillez, hasta tenía mis dudas, pero se ve que el punto que les da las cebolletas las hacen deliciosas. Por lo menos, en casa han gustado y os recomiendo que hagáis la recta.

INGREDIENTES

1 kg de arvejas
2 litros de agua
8 cebolletas
Sal
Pimienta negra molida
2 cucharadas de mantequilla
Huevos duros
½ kg de papas
Aceite de oliva

PREPARACIÓN DE LA RECETA

Ponemos a cocer las arvejas en un caldero con agua y sal. Añadimos las cebolletas cortadas por la mitad, a las que le habremos dejado unos 4 ó 5 centímetros de su tallo. En otro recipiente ponemos a cocer los huevos, pondremos tantos como comensales tengamos. Para cocer los huevos, una vez el agua haya comenzado a hervir, los dejamos 10 minutos más a fuego fuerte y listo. Los diez minutos son suficiente para que el huevo cueza, si los dejamos más tiempo se pasan, la yema adquiere un color verdoso y al pelarlos desprenderían ese olor desagradable característico. Por eso digo, 10 minutos y listo. Mientras, pelamos las papas y las troceamos en trozos bastante grandes. Cuando las arvejas estén tiernas, unos 20 ó 30 minutos habrán tenido que transcurrir, le añadimos pimienta negra molida al gusto y las 2 cucharadas de mantequilla. Dejamos al fuego unos minutos más, apartamos y dejamos reposar.
Mientras las arvejas reposan, ponemos a freír las papas en abundante aceite de oliva. Una vez fritas, las escurrimos en papel absorbente, las arvejas ya habrán reposado y procedemos a montar el plato. Para ello, ponemos las arvejas junto con los trozos de cebolleta que habrán quedado tras la cocción, en un lado del plato tras haberles escurrido el agua del guiso. Ponemos las papas fritas en otro lado, y los huevos duros los partimos en rodajas y colocamos sobre las arvejas.

Listo para comer, así que a disfrutarlas bien calentitas.

Arvejas a la Majorera

Tortitas de Queso

Tortitas de Queso

Hoy os vamos a presentar un postre que no lleva nada de azúcar. Dato muy importante para las personas que no les guste el dulce, que podrían disfrutar de esta delicia sin el menor problema. Pero claro, para los que sí podemos comer azúcar y nos gusta el dulce, qué hacemos. Pues lo solucionamos añadiendo un poco de miel por encima justo en el momento en el que las vayamos a comer. Estas tortitas de queso se pueden encontrar en varios libros de cocina tradicional canaria y en casa las solemos hacer de vez en cuando. Animaros a probarlo que merece mucho la pena.

INGREDIENTES

250 gr de queso blanco fresco muy tierno
4 huevos
Pan bizcochado molido
Ralladura de limón
Canela
Aceite
½ cucharilla de levadura en polvo

PREPARACIÓN DE LA RECETA

Lo primero que hacemos es desmenuzar el queso con los dedos, lo vamos dejando en grumos de unos 5 milímetros aproximadamente y reservamos. Separamos las yemas de las claras, y batimos éstas últimas a punto de nieve. Luego añadimos las yemas y mezclamos bien. Incorporamos el queso desmenuzado, la ralladura de limón y un poco de canela molida. Mezclamos con movimientos envolventes hasta integrar todos los ingredientes. Por otro lado, cogemos pan bizcochado y lo molemos, bien con la ayuda de un molinillo, un rallador o con un mortero. No usemos pan rallado industrial, no quedará ni con el sabor ni con la textura deseada, que el pan bizcochado sí le va a dar. Vamos añadiendo este pan molido hasta formar una masa espesa, pero no demasiado. Dejamos reposar media hora para que esponje.
Pasado ese tiempo, ponemos una sartén al fuego con bastante aceite, añadimos un trozo de piel de limón, solo la parte amarilla y evitando la blanca. Antes de que se dore, la retiramos y comenzamos a hacer las tortitas de queso. Para ello utilizaremos un molde, de esos cilíndricos que utilizamos para emplatar cuando queremos presentar un timbal. Ponemos una buena cucharada de la mezcla dentro del molde y aplastamos un poco con la misma cuchara, a fin de cubrir todo el fondo del molde y nos salgan las tortitas bien redondas. Si no usáramos un molde, nos saldrían sin forma y feas, nada presentables. Desde que la pasta se empieza a cocinar, retiramos el molde y procedemos a darle la vuelta a la tortita con la ayuda de una espátula con cuidado de no romperla. La freímos por el otro lado y sacamos a un papel absorbente para evitar el exceso de aceite. Luego vamos pasando a una bandeja y dejamos que se enfríe.

Tal y como dijimos al comienzo de esta entrada, estas tortitas no llevan nada de azúcar. Para los que las prefieran dulces, un chorrito de miel por encima y listo. A mí me gustan de las dos maneras, pero las prefiero con miel.
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